Experimento de la ley de Boyle con jeringa y malvavisco
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Experimento de la ley de Boyle con jeringa y malvavisco

Un experimento de la ley de Boyle con una jeringa y un malvavisco, con cantidades reales, la física de por qué el gas se comprime y el azúcar casi no.

Mete un malvavisco chico en una jeringa de medicina, tapa la punta con el pulgar y empuja. El malvavisco se hunde como un balón desinflado. Sueltas y vuelve casi a su tamaño. Eso es todo este experimento de la ley de Boyle, y lo que lo vuelve interesante viene después: pregúntale a tu hijo por qué se encogió. Casi todos contestan “se le salió el aire”. No salió nada. La jeringa está sellada. Lo que cambió fue la presión del aire atrapado en cientos de burbujas diminutas dentro del azúcar. Esa diferencia entre la respuesta obvia y la correcta es la clase.

Puntos clave

  • Vas a sellar un malvavisco chico dentro de una jeringa y comprimirlo a la mitad de su volumen, y después estirarlo al revés.
  • Enseña la ley de Boyle (presión por volumen se mantiene constante si la temperatura no cambia) y la idea más grande: los gases se comprimen muchísimo, los líquidos y sólidos casi nada.
  • Funciona mejor de 8 a 14 años. Los más chicos se divierten pero no retienen todavía el intercambio entre presión y volumen.
  • La falla típica es un sello flojo. Si el malvavisco no se mueve, el aire se está escapando por la punta.
  • El malvavisco nunca recupera su tamaño exacto. Ojo con esto: vale la pena explicarlo, no esconderlo.

Lo que vas a necesitar

QuéCuántoDónde conseguirloSi no lo tienes
Jeringa oral o dosificadora sin aguja, de 20 a 60 mL1Cualquier farmacia (Cruz Verde, Inkafarma, Farmacias del Ahorro, Farmacity). Cuesta menos que un refrescoUna bomba de bicicleta con la boquilla tapada muestra lo mismo, pero no ves adentro
Malvaviscos chicos (bombones, masmelos, esponjitas según el país)3 o 4, porque vas a arruinar un parSupermercado, pasillo de repostería. Contienen gelatina; algunas marcas declaran trazas de trigo o soyaUn cubito de pan fresco o una dona chica ya dura: los dos tienen aire atrapado
Tu pulgar, o una bolita de plastilina adhesiva1—La tapita de goma, si tu jeringa venía con una
Marcador permanente1Cajón de útilesCinta adhesiva para marcar el cilindro
Báscula de cocina (opcional)1—Sáltala; solo pierdes la comparación de densidad
Un vaso con agua100 mLLlaveSolo hace falta para el control de “¿el agua también se comprime?”

Tiempo: preparación 3 min, experimento 10–15 min, limpieza 2 min Costo: menos de lo que cuesta un helado; casi todo ya está en tu cocina salvo la jeringa Nivel de desorden: bajo

Haz el experimento

Paso 1 — Consigue una jeringa que de verdad selle

Tapa la punta con el pulgar y empuja: tienes que sentir resistencia firme después de dos o tres centímetros, y el pistón debe regresar solo cuando sueltes. Si se va hasta el fondo, el empaque de goma está gastado o tu pulgar no está plano sobre la boquilla. Una jeringa de 60 mL con punta ancha se tapa mucho mejor con el pulgar de un niño que una flaquita de 10 mL.

Paso 2 — Carga un solo malvavisco

Saca el pistón. Mete un malvavisco chico en el cilindro. Vuelve a poner el pistón y bájalo despacio hasta que apenas toque el malvavisco sin aplastarlo. Lee el volumen en la escala: en una jeringa de 60 mL vas a quedar cerca de los 40 mL. Marca esa línea con el marcador.

Paso 3 — Pide una predicción antes de apretar

Este paso no es relleno. Pregunta: “Si tapo la punta y bajo el pistón a la mitad de ese número, ¿qué le pasa al malvavisco?” Anota la respuesta. Una predicción hecha después del resultado no es una predicción.

Paso 4 — Sella y comprime despacio

Aprieta el pulgar plano contra la boquilla. Baja el pistón hasta la mitad del volumen que marcaste y sostén cinco segundos. Despacio: un apretón lento mantiene el aire a temperatura ambiente, que es justo la condición que describe la ley de Boyle.

Lo que deberías ver: el malvavisco se encoge a la vista, se arruga y se pone un poco translúcido cuando sus burbujas colapsan. A la mitad del volumen pierde más o menos un tercio de su altura. El pistón empuja de regreso contra tu mano todo el tiempo.

Paso 5 — Suelta y mira cómo se vuelve a inflar

Suelta el pistón sin quitar el pulgar de la boquilla. El malvavisco se vuelve a esponjar en cerca de un segundo.

Lo que deberías ver: recupera casi todo su tamaño, pero no todo. Un malvavisco apretado queda un poco más denso y más arrugado de como empezó.

Paso 6 — Ahora al revés

Con la punta abierta, baja el pistón hasta los 10 mL, de modo que quede muy poco aire adentro. Tapa la punta con el pulgar y jala el pistón con fuerza hacia la marca de 50 mL.

Lo que deberías ver: el malvavisco se hincha de forma clara, a veces hasta una vez y media su ancho original, porque bajaste la presión a su alrededor muy por debajo de una atmósfera. Esta mitad del experimento sorprende mucho más que el apretón.

Paso 7 — Haz el control que prueba el punto

Llena la jeringa de agua, sin dejar ni una burbuja de aire. Tapa y empuja con toda tu fuerza.

Lo que deberías ver: nada. El pistón apenas se mueve. La misma jeringa, la misma mano, un resultado completamente distinto, porque ahora estás empujando un líquido y no un gas.

Qué está pasando en realidad en el experimento de la ley de Boyle

La ley de Boyle dice que, para una cantidad fija de gas a temperatura constante, la presión multiplicada por el volumen se mantiene constante: pV = constante. Robert Boyle publicó la relación en la década de 1660, y el Centro de Investigación Glenn de la NASA la resume así: si reduces el volumen a la mitad, la presión se duplica. En tu jeringa, pasar de 40 mL a 20 mL lleva el aire atrapado de alrededor de 1 atmósfera a cerca de 2.

El mecanismo son los choques. El aire del cilindro son moléculas de nitrógeno y oxígeno viajando a cientos de metros por segundo, y la presión es la suma de la fuerza con que golpean las paredes. La explicación de la NOAA sobre la presión del aire lo dice sin adornos: cada golpe es demasiado pequeño para sentirse, pero el total es considerable. Mete el mismo número de moléculas en la mitad del espacio y cada centímetro cuadrado de pared recibe el doble de golpes por segundo. La temperatura no cambió: las moléculas no van más rápido, simplemente hay más por unidad de volumen.

El malvavisco es el indicador visible, y aquí viene la parte que casi nadie explica. Un malvavisco es una espuma: una matriz de azúcar y gelatina batida con aire. Cuando subes la presión del cilindro también la subes dentro de esas burbujas, y cada una se encoge siguiendo la misma ley. El azúcar y la gelatina que las rodean casi no cambian. La diferencia es enorme: la página de propiedades elásticas de HyperPhysics señala que el agua en el fondo del Pacífico, bajo unas 400 atmósferas, se comprime apenas un 1.8 por ciento. Tu aire perdió la mitad de su volumen con 2.

O sea: el malvavisco no se encoge porque aplastaste el azúcar. Se encoge porque el azúcar es un envase flexible lleno de gas, y comprimiste el gas.

Dos advertencias honestas. La ley de Boyle describe un gas ideal a temperatura constante; si bajas el pistón de golpe, el aire se calienta (compresión adiabática) y la presión que sientes es mayor que la que predice pV = constante. Por eso el Paso 4 pide lentitud. Y el malvavisco no recupera su forma exacta porque la matriz de gelatina es viscoelástica: algunas paredes se rompen y otras se quedan dobladas. El gas obedece la física; el dulce es un envase con pérdidas.

Cómo explicárselo a tu hijo

De 5 a 8 años

Deja que empuje el pistón con la punta abierta y luego con tu pulgar tapando. Dos sensaciones distintas con la misma mano. Dile que el aire está hecho de pedacitos tan chicos que no se ven, y que al empujar el pistón quedan apretados unos contra otros. El malvavisco está lleno de bolsitas de aire: cuando el aire se aprieta, las bolsitas se hacen chicas y el malvavisco también. Después déjalo hacer el jalón, que es la parte que va a querer repetir ocho veces. No corrijas el vocabulario a esta edad: “aire apretado” alcanza.

De 9 a 12 años

Introduce las palabras presión y volumen, y el trato entre las dos: cuando una baja, la otra sube. Usa el cilindro marcado para volverlo numérico. De 40 a 20 mL es la mitad del volumen, así que cerca del doble de presión. De 20 a 10 es otra mitad, unas cuatro veces la presión inicial. Y haz el control con agua, porque “los gases se comprimen, los líquidos no” es una frase que un niño de diez años carga por años: explica los frenos hidráulicos de un carro y el silbido de una bomba de bicicleta.

De 13 en adelante

Que escriba pV = nRT e identifique qué se mantiene fijo y qué queda libre. Después que mida: pega una tira de papel al cilindro y estima la presión a partir del diámetro del malvavisco en cada parada. Comprimir una espuma es un manómetro burdo, pero el diámetro contra 1/V debería salir aproximadamente lineal en el primer factor de dos. Lo interesante es encontrar dónde deja de ser lineal y discutir por qué: paredes de burbuja que ya se tocan, gas que se disuelve en el jarabe, o el calor liberado al comprimir.

La pregunta que debes hacer: “Una botella de agua sellada y medio vacía sube contigo desde la playa hasta un paso de montaña. Arriba, ¿está más dura o más blanda que abajo, y por qué?”

¿Y en América Latina?

La jeringa es el único objeto que tal vez no tengas. En la farmacia pídela así: “una jeringa oral sin aguja de 20 mL”. En México las venden en Similares y del Ahorro; en Colombia y Chile en Cruz Verde y La Rebaja; en Perú en Inkafarma; en Argentina en cualquier farmacia de barrio. No requieren receta. Si te ofrecen una con aguja, pide que te la retiren ahí mismo.

La altitud cambia algo real. En Bogotá, a 2.640 m, la presión atmosférica ronda los 73 kPa, y en La Paz, a 3.640 m, los 65 kPa, frente a los 101 kPa del nivel del mar. La ley de Boyle trabaja con razones, no con valores absolutos, así que el malvavisco se encoge igual en Lima que en Quito cuando reduces el volumen a la mitad. Lo que cambia es la fuerza: en Bogotá, duplicar la presión significa sumar 73 kPa en lugar de 101, así que el pistón se siente más fácil de empujar.

Para la escuela: en México cae en propiedades de los gases de Ciencias Naturales y Física de la SEP; en Chile, en Ciencias Naturales de 7° básico del Mineduc; en Argentina, en los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios del segundo ciclo. Si tu hijo va a una feria de ciencias, la versión medible del Paso 6 (diámetro contra volumen, graficado) pasa de demostración a experimento, y eso es lo que los jurados califican. Para seguir, mira también experimentos de presión del aire con globos y jeringas.

Por qué enseñar esto temprano vale la pena

Las leyes de los gases llegan a la escuela como tres reglas con nombre propio que todo el mundo confunde. Un niño que ya sintió el pistón resistirse tiene un referente físico para las tres, y eso cambia lo que significa memorizar. El contraste de compresibilidad adelanta mucho: por qué los frenos hidráulicos usan aceite y no aire, por qué te truenan los oídos en un avión, por qué una bomba de bicicleta se calienta.

La investigación respalda algo preciso, no algo grandioso. El metaanálisis de Alfieri y colegas encontró que la exploración sin apoyo no mejora los resultados, mientras que el descubrimiento guiado, con un adulto explicando al lado, sí (Alfieri et al., 2011). Kirschner, Sweller y Clark lo dicen más directo: la guía mínima suele fracasar (Kirschner et al., 2006). La jeringa no es el ingrediente activo; la conversación mientras está en las manos de tu hijo, sí. El marco ICAP de Chi y Wylie agrega la razón: quien explica y predice aprende más que quien solo observa (Chi y Wylie, 2014).

Una tarde no cambia la trayectoria de nadie, y nadie debería prometerlo. Lo que hace es darle a una frase de libro de texto algo real donde agarrarse.

Antes de empezar: lo que los papás deben saber

Mejor edad8 a 14 años. Antes de los 7 el intercambio presión-volumen es demasiado abstracto, aunque aplastar sigue siendo entretenido
SupervisiónLigera. Un adulto carga el primer malvavisco y revisa el sello
Riesgos realesNinguno más allá del cuidado normal de cocina. Los malvaviscos chicos son riesgo de asfixia para menores de 3 años: guarda la bolsa lejos. Contienen gelatina y algunas marcas declaran trazas de trigo o soya
No hagas estoNunca uses una jeringa con aguja ni una hipodérmica. Y no reutilices una jeringa del botiquín para después comerse el malvavisco: una jeringa oral nueva es de plástico grado alimenticio, una usada no

Cuando no funciona

  • El pistón se va hasta el fondo y el malvavisco no se mueve. El sello está flojo. Prueba sin malvavisco: pulgar en la punta, empuja, suelta. Si el pistón no regresa solo, aplana más el pulgar o mete la punta en plastilina adhesiva.
  • El malvavisco casi no cambia. Está viejo: perdió humedad y sus paredes se endurecieron. Abre una bolsa nueva y ciérrala entre intentos.
  • El malvavisco se atora. Se expandió contra la pared en el paso del jalón. Baja el pistón con la punta abierta para liberar la presión y empuja el malvavisco con el mango de una cuchara.
  • El malvavisco no cabe. Solo los chicos. Uno normal no entra en un cilindro de 60 mL, y cortarlo deja superficies pegajosas.

Para llevarlo más lejos

  1. Vuélvelo una medición. Marca el cilindro en 60, 50, 40, 30, 20 y 15 mL. En cada parada fotografía el malvavisco contra papel cuadriculado y mide su diámetro. Grafica diámetro contra volumen, y después contra 1/volumen.
  2. Rápido contra lento. Comprime a la mitad en diez segundos y anota qué tan duro se siente; repite con un golpe de un segundo. El rápido se siente más duro porque calienta el gas. Cambia una sola variable, la velocidad, y mide la fuerza empujando contra una báscula de baño.
  3. Cambia el indicador. Prueba un cubo de pan fresco, un chicharrón de harina y un malvavisco. Ordénalos por cuánto se encogen y luego ábrelos para ver el tamaño de burbuja. Combina bien con la columna de densidades de líquidos.

Qué observar en los próximos 3 meses

  • Semana 4: usa bien la palabra “presión” en algo que no tiene nada que ver: la llanta de la bici, un pomo de salsa, los oídos en un ascensor.
  • Mes 2: predice en lugar de adivinar. Alguien pregunta qué le pasa a un globo bajo el agua y tu hijo razona en voz alta antes de contestar.
  • Mes 3: nota por sí solo la diferencia entre gas y líquido, normalmente apretando algo. La pregunta que vale la pena alentar es “¿por qué los frenos del carro no usan aire?”, y la respuesta es exactamente este experimento.

Preguntas frecuentes

¿Necesito una jeringa con aguja?

No, y no debes usarla. Las jeringas orales no traen aguja, cuestan centavos y su punta ancha es más fácil de tapar con el pulgar de un niño. Una aguja agrega riesgo de pinchazo y no aporta nada.

¿Mi hijo se puede comer el malvavisco después?

Solo si la jeringa es nueva y nunca se usó. Una jeringa oral de paquete es plástico grado alimenticio, así que un malvavisco que estuvo dentro no tiene problema. Una que ya dosificó medicina no sirve, por bien que la hayas enjuagado.

¿Por qué el malvavisco no regresa a su tamaño exacto?

Porque un dulce no es un gas ideal. Las paredes de azúcar y gelatina entre las burbujas son viscoelásticas, así que algunas quedan dobladas o rotas después de un apretón fuerte. El aire de adentro cumple la ley de Boyle al pie de la letra; el envase no.

¿Es lo mismo que aplastar una lata con presión atmosférica?

Está relacionado, pero invertido: aquí la fuerza la pones tú, y en la lata la pone la atmósfera cuando el vapor se condensa adentro. Revisa los proyectos de neumática y presión de aire.


Sobre el autor

Ricky Flores es el fundador de HiWave Makers e ingeniero eléctrico con más de 15 años de experiencia desarrollando tecnología de consumo en Apple, Samsung y Texas Instruments. Escribe sobre cómo los niños aprenden a construir, pensar y crear en un mundo saturado de tecnología. Lee más en hiwavemakers.com.


Fuentes

  1. NASA Glenn Research Center. “Boyle’s Law.” Beginner’s Guide to Aeronautics. https://www1.grc.nasa.gov/beginners-guide-to-aeronautics/boyles-law/
  2. NOAA National Weather Service. “Air Pressure.” JetStream: An Online School for Weather. https://www.noaa.gov/jetstream/atmosphere/air-pressure
  3. Nave, C. R. “Bulk Elastic Properties.” HyperPhysics, Georgia State University. http://hyperphysics.phy-astr.gsu.edu/hbase/permot3.html
  4. Alfieri, L., Brooks, P. J., Aldrich, N. J., y Tenenbaum, H. R. (2011). “Does discovery-based instruction enhance learning?” Journal of Educational Psychology, 103(1), 1–18. https://doi.org/10.1037/a0021017
  5. Kirschner, P. A., Sweller, J., y Clark, R. E. (2006). “Why Minimal Guidance During Instruction Does Not Work.” Educational Psychologist, 41(2), 75–86. https://doi.org/10.1207/s15326985ep4102_1
  6. Chi, M. T. H., y Wylie, R. (2014). “The ICAP Framework: Linking Cognitive Engagement to Active Learning Outcomes.” Educational Psychologist, 49(4), 219–243. https://doi.org/10.1080/00461520.2014.965823
  7. Smith III, J. P., diSessa, A. A., y Roschelle, J. (1994). “Misconceptions Reconceived: A Constructivist Analysis of Knowledge in Transition.” Journal of the Learning Sciences, 3(2), 115–163. https://doi.org/10.1207/s15327809jls0302_1
  8. National Research Council. (2012). A Framework for K-12 Science Education: Practices, Crosscutting Concepts, and Core Ideas. National Academies Press. https://doi.org/10.17226/13165
Ricky Flores
Escrito por Ricky Flores

Fundador de HiWave Makers e ingeniero eléctrico con más de 15 años trabajando en proyectos con Apple, Samsung, Texas Instruments y otras empresas Fortune 500. Escribe sobre cómo los niños aprenden a construir, pensar y crear en un mundo impulsado por la tecnología.