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Efectos de las pantallas en niños: la revisión de 2.8 millones
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Efectos de las pantallas en niños: la revisión de 2.8 millones

Una revisión de 2.8 millones de niños confirma efectos de las pantallas en niños sobre notas, lenguaje y conducta: reales pero pequeños. Qué significa eso.

La revisión más grande hecha hasta ahora sobre los efectos de las pantallas en niños se publicó en JAMA Pediatrics el 28 de septiembre de 2026. Juntó 23 metaanálisis con 2,817,252 niños de 64 países. Su conclusión sobre pantallas y desarrollo infantil: los vínculos son reales, y la mayoría son pequeños. El uso de pantallas se asoció con menor rendimiento académico (r = −0.15), menos habilidades de lenguaje (r = −0.14) y más problemas de conducta, tanto internos como externos (r ≈ 0.10). No se asoció con las funciones ejecutivas, ni de forma clara con las notas de matemáticas, ciencias o lectura. Para los papás, la pregunta útil es qué significa “pequeño” en una familia de carne y hueso, y por qué un promedio pequeño puede esconder un efecto grande en un niño en particular. Esta revisión responde muy bien lo primero. Para lo segundo hacen falta otros estudios.

Puntos clave

  • La revisión juntó 23 metaanálisis con 2.8 millones de niños de 18 años o menos, de 64 países, publicados hasta noviembre de 2025.
  • El uso de pantallas se asoció con menor rendimiento académico (r = −0.15) y lenguaje (r = −0.14), y con más conductas internalizantes (r = 0.10) y externalizantes (r = 0.11).
  • Dos resultados tuvieron estimaciones más grandes pero mucho menos precisas: problemas emocionales (r = 0.30) y problemas con compañeros (r = 0.28), ambos con intervalos de confianza muy amplios.
  • No hubo asociación con las funciones ejecutivas, y los resultados en matemáticas, ciencias y lectura fueron demasiado inciertos para concluir algo.
  • Una correlación de 0.10 a 0.15 es pequeña para un niño en promedio, pero puede pesar cuando se suman millones. Otras investigaciones muestran que el efecto varía mucho de un niño a otro, así que el promedio no es tu hijo.

Qué es esta revisión sobre los efectos de las pantallas en niños

Una revisión paraguas es una revisión de revisiones: en lugar de juntar estudios individuales, junta metaanálisis, cada uno de los cuales ya juntó muchos estudios. La revisión de septiembre de 2026, titulada “Screen Use and Child and Adolescent Development and Mental Health Outcomes”, la encabezó Elizabeth Al-Jbouri, con colegas como Sheri Madigan, Pasco Fearon y Dimitri Christakis.

El equipo buscó en Embase, MEDLINE y PsycINFO hasta el 25 de noviembre de 2025 metaanálisis con muestras poblacionales de niños de 18 años o menos. Encontraron 23. Dos revisores extrajeron los datos de forma independiente, y todos los tamaños de efecto se convirtieron a correlaciones de Pearson (r) para poder compararlos. Los cuatro campos medidos fueron rendimiento académico, habilidades cognitivas, desarrollo socioemocional y salud mental.

Dos rasgos del diseño cambian cómo hay que leerla. Primero, los estudios de base son poblacionales y reportan asociaciones. La revisión habla de “asociaciones”, no de efectos, y casi toda la investigación sobre pantallas no puede separar causa de correlación. Segundo, los autores encontraron que el tipo de pantalla, el subtipo de problema de conducta, el año de publicación y la edad del niño modificaban algunos resultados. “Tiempo de pantalla” es un paquete de actividades muy distintas.

Qué encontró la revisión, resultado por resultado

ResultadoCorrelación (r)Intervalo de confianza al 95%Lectura sencilla
Rendimiento académico−0.15−0.23 a −0.07Vínculo negativo pequeño
Habilidades de lenguaje−0.14−0.18 a −0.10Vínculo negativo pequeño, bien estimado
Conducta internalizante (ansiedad, ánimo bajo), pantallas en general0.100.07 a 0.13Vínculo positivo pequeño
Conducta internalizante, redes sociales0.090.06 a 0.12Vínculo positivo pequeño
Conducta externalizante (portarse mal, agresividad)0.110.08 a 0.14Vínculo positivo pequeño
Problemas emocionales0.300.08 a 0.50Quizá grande, pero muy impreciso
Problemas con compañeros0.280.04 a 0.49Quizá grande, pero muy impreciso
Funciones ejecutivas0.01−0.09 a 0.11Sin asociación
Conducta prosocial−0.22−0.43 a 0.01No significativo
Matemáticas−0.10−0.23 a 0.03No significativo
Ciencias−0.03−0.15 a 0.11No significativo
Lectura−0.02−0.12 a 0.09No significativo

Las filas de problemas emocionales y con compañeros piden cuidado. Una correlación de 0.30 sería importante, pero un intervalo que va de 0.08 a 0.50 significa que el valor real podría ser chico o grande. Esas filas señalan dónde hace falta más investigación, no dónde ya hay respuesta.

Qué significa realmente “pequeño”

Una correlación mide qué tanto se mueven juntas dos cosas, de 0 (ninguna relación) a 1 (relación perfecta). Es fácil malinterpretarla, así que aquí van tres formas de traducirla.

1. Los puntos de referencia de la psicología. David Funder y Daniel Ozer propusieron en 2019, en Advances in Methods and Practices in Psychological Science, unas referencias prácticas. Una r de 0.10 es “pequeña en un caso aislado, pero potencialmente más importante con el tiempo”. Una de 0.20 es mediana, y una de 0.30, grande. También advierten que elevar r al cuadrado (para obtener el “porcentaje de varianza explicada”) hace que los efectos parezcan más chicos de lo que son sus consecuencias reales. Con esa vara, casi todos los hallazgos de esta revisión quedan en la zona de pequeños pero potencialmente importantes.

2. Una traducción a dos grupos. El método de Robert Rosenthal y Donald Rubin, de un artículo de 1982 en el Journal of Educational Psychology, convierte r en una comparación intuitiva. Imagina dividir a los niños en una mitad con más pantalla y otra con menos, y dividir los resultados en arriba y abajo del promedio. Una r de 0.15 equivale a que más o menos el 57.5% del grupo con menos pantalla queda arriba del promedio en rendimiento, contra el 42.5% del grupo con más pantalla. Es una diferencia visible en un salón de clases, pero lejos de ser un destino para cada niño.

3. La comparación con trabajos anteriores. En 2019, Amy Orben y Andrew Przybylski analizaron en Nature Human Behaviour tres grandes bases de datos con 355,358 adolescentes y encontraron que el uso de tecnología digital explicaba como máximo el 0.4% de la variación en el bienestar. Las cifras de la nueva revisión son de la misma familia: reales, consistentes y modestas.

Un apunte más, por honestidad. Correlaciones de este tamaño pueden deberse a otros factores que viajan junto con las pantallas, como el estrés familiar, el sueño, el ingreso o las dificultades previas del niño. La revisión no puede descartarlos. Muestra dónde pantallas y resultados se mueven juntos, no que una cosa cause la otra.

Por qué el promedio esconde a los niños más afectados

“Efecto pequeño” habla del niño promedio. Dos líneas de investigación muestran por qué ese promedio puede engañar.

El efecto cambia de un niño a otro. Ina Beyens y sus colegas, en Scientific Reports en 2020, preguntaron a adolescentes cómo se sentían seis veces al día durante una semana. Después de usar redes sociales de forma pasiva, el 44% no se sintió ni mejor ni peor, el 46% se sintió mejor y el 10% se sintió peor. Si uno de cada diez niños sale claramente afectado mientras los demás no cambian o mejoran un poco, el promedio se ve chico aunque algunos sí la estén pasando mal.

El efecto cambia con la edad. Orben y sus colegas encontraron en Nature Communications, en 2022, “ventanas de sensibilidad del desarrollo” en las que un mayor uso de redes predecía menos satisfacción con la vida un año después: de los 11 a los 13 años en las chicas y de los 14 a los 15 en los chicos. Una revisión que junta todas las edades diluye un efecto concentrado en pocos años. Si quieres profundizar, revisa nuestro artículo sobre a qué edad dar redes sociales según el neurodesarrollo.

La propia revisión paraguas encontró que la edad y el tipo de pantalla modificaban los resultados, lo que apunta en la misma dirección. En la práctica: el promedio dice que las pantallas no son una catástrofe para la mayoría de los niños. No dice que tu hijo sea el promedio.

Qué hacer en casa con un hallazgo de “promedio pequeño”

Fíjate en qué está reemplazando la pantalla

Un vínculo promedio pequeño muchas veces refleja desplazamiento. Si la pantalla le está quitando tiempo al sueño, a la plática, a la lectura o al juego al aire libre, lo que importa es ese intercambio, más que los minutos. El hallazgo sobre lenguaje (r = −0.14), estimado con precisión, es una señal para proteger los ratos de conversación y lectura, sobre todo con los más chicos.

Observa a tu hijo, no a la población

Usa el hallazgo de Beyens como lente. Fíjate cómo está tu hijo después de cada tipo de uso. ¿Más tranquilo y conectado después de una videollamada con su prima? ¿Irritable después de una hora de deslizar videos? Ese patrón te dice más que cualquier correlación poblacional.

Pon más atención en las ventanas sensibles

Si los efectos más fuertes se concentran al inicio de la adolescencia, los años entre los 11 y los 15 son cuando conviene ser más intencional con las redes sociales en particular: cuándo abrir cuentas, cómo se ven sus feeds y si el uso le está quitando horas de sueño.

No entres en pánico con los números grandes pero imprecisos

Las correlaciones cercanas a 0.30 en problemas emocionales y con compañeros suenan alarmantes, pero vienen con intervalos tan amplios que incluyen efectos pequeños. Tómalas como una razón para estar pendiente del ánimo y las amistades de tu hijo, no como prueba de que las pantallas causan trastornos emocionales.

Lo que no conviene hacer

No concluyas que “las pantallas no importan” porque los efectos son pequeños, ni que “las pantallas son veneno” porque son consistentes. Las dos lecturas tergiversan los datos. Para ver otro resultado muy debatido con calma, revisa nuestro análisis sobre tiempo de pantalla y regulación emocional.

¿Y en América Latina?

La revisión abarca 64 países, pero su resumen no desglosa cuántos de los estudios de base vienen de América Latina, y no pude verificar esa cifra. Eso importa porque el contexto cambia lo que la pantalla desplaza: en una familia donde el celular es el único aparato con internet, o donde los datos son de prepago, el uso se ve distinto que en un hogar con tableta, computadora y consola.

La lección práctica sí viaja. Si la pantalla de tu hijo en Bogotá, Lima o Guadalajara le está quitando sueño, plática o juego, ese intercambio es lo que hay que mirar, tal como en cualquier otro lugar. Si quieres un repaso de la evidencia con mirada regional, aquí está nuestro artículo sobre la adicción a las pantallas y la evidencia en Latinoamérica.

Qué observar en los próximos 3 meses

  • Semana 4: anota durante una semana el uso de pantallas de tu hijo por tipo (escuela, videos, videojuegos, redes, llamadas). La revisión encontró que el tipo importa. Casi ninguna familia ha mirado esa mezcla.
  • Señales de alerta en el mes 2: señales de que la pantalla está desplazando algo importante: se duerme más tarde, platica menos en la cena, dejó actividades o cambia de humor después de ciertas apps. Esos son los mecanismos detrás de los vínculos promedio pequeños.
  • Autoevaluación del mes 3: ¿cambió algo después de ajustar la mezcla, no solo el total? Si tu hijo duerme y platica más, el cambio está funcionando, diga lo que diga el conteo de minutos.

Preguntas frecuentes

¿Qué encontró la revisión de 2026 sobre los efectos de las pantallas en niños?

Con 23 metaanálisis y 2.8 millones de niños, encontró que el uso de pantallas se asocia con menor rendimiento académico (r = −0.15) y lenguaje (r = −0.14), y con más problemas de conducta (r ≈ 0.10). No encontró vínculo con las funciones ejecutivas, ni un vínculo claro con las notas de matemáticas, ciencias o lectura.

¿Esta revisión demuestra que las pantallas dañan a los niños?

No. Reporta asociaciones de estudios poblacionales. Puede que las pantallas contribuyan a esos resultados, que los niños con dificultades previas usen más pantallas, o que otros factores como el sueño o el estrés familiar estén detrás de ambas cosas. La revisión no puede separar esas explicaciones.

¿Qué tan grande es una correlación de 0.15?

Pequeña pero notoria a gran escala. Con una traducción estándar a dos grupos, equivale a que cerca del 57.5% contra el 42.5% de los niños quede arriba del promedio según su uso de pantallas. Los especialistas en tamaño de efecto consideran que una correlación cercana a 0.10 es pequeña en un caso, pero puede pesar con el tiempo.

¿Por qué algunos estudios encuentran efectos más grandes que otros?

Porque el efecto varía según el niño, la edad y el tipo de pantalla. Los estudios de edades, plataformas o grupos vulnerables específicos pueden encontrar efectos más grandes que desaparecen cuando se promedian todos los niños. La revisión paraguas encontró que la edad y el tipo de pantalla modificaban varios resultados.

¿Debo cambiar los límites de pantalla de mi hijo por esta revisión?

La revisión respalda fijarse más en lo que la pantalla desplaza, como el sueño, la conversación y la lectura, que obsesionarse con un número diario. Si tu hijo está bien, duerme, aprende y se relaciona, unas asociaciones promedio pequeñas no son motivo para cambiar todas tus reglas.


Sobre el autor

Ricky Flores es el fundador de HiWave Makers e ingeniero eléctrico con más de 15 años de experiencia desarrollando tecnología de consumo en Apple, Samsung y Texas Instruments. Escribe sobre cómo los niños aprenden a construir, pensar y crear en un mundo saturado de tecnología. Lee más en hiwavemakers.com.


Fuentes

  1. Al-Jbouri, E., Nivison, M. D., Neville, R. D., Marsh, A., McArthur, B. A., Christakis, D. A., Fearon, P., y Madigan, S. (2026). “Screen Use and Child and Adolescent Development and Mental Health Outcomes: A Quantitative Umbrella Review.” JAMA Pediatrics. https://doi.org/10.1001/jamapediatrics.2026.4339
  2. Funder, D. C., y Ozer, D. J. (2019). “Evaluating Effect Size in Psychological Research: Sense and Nonsense.” Advances in Methods and Practices in Psychological Science. https://doi.org/10.1177/2515245919847202
  3. Rosenthal, R., y Rubin, D. B. (1982). “A simple, general purpose display of magnitude of experimental effect.” Journal of Educational Psychology, 74(2). https://doi.org/10.1037/0022-0663.74.2.166
  4. Orben, A., y Przybylski, A. K. (2019). “The association between adolescent well-being and digital technology use.” Nature Human Behaviour. https://doi.org/10.1038/s41562-018-0506-1
  5. Beyens, I., Pouwels, J. L., van Driel, I. I., Keijsers, L., y Valkenburg, P. M. (2020). “The effect of social media on well-being differs from adolescent to adolescent.” Scientific Reports. https://doi.org/10.1038/s41598-020-67727-7
  6. Orben, A., Przybylski, A. K., Blakemore, S.-J., y Kievit, R. A. (2022). “Windows of developmental sensitivity to social media.” Nature Communications. https://doi.org/10.1038/s41467-022-29296-3
Ricky Flores
Escrito por Ricky Flores

Fundador de HiWave Makers e ingeniero eléctrico con más de 15 años trabajando en proyectos con Apple, Samsung, Texas Instruments y otras empresas Fortune 500. Escribe sobre cómo los niños aprenden a construir, pensar y crear en un mundo impulsado por la tecnología.