Toma de riesgos saludables en niños: por qué es necesaria y cómo fomentarla
Tabla de contenido

Toma de riesgos saludables en niños: por qué es necesaria y cómo fomentarla

La sobreprotección priva a los niños de experiencias de riesgo calculado que son necesarias para el desarrollo. Qué dice la investigación sobre el riesgo como herramienta de aprendizaje.

Cuando la hija de Carmen, de 9 años, quiso trepar al árbol grande del parque, el primer instinto de Carmen fue decirle que no. Luego recordó que ella, a los 9 años, trepaba árboles mucho más grandes. ¿Qué había cambiado? No el árbol. No la hija. Había cambiado la tolerancia al riesgo de la cultura de crianza actual, amplificada por el miedo y la sobreprotección. La investigación de desarrollo tiene algo claro que decir sobre esto: privar a los niños de riesgo calculado no los hace más seguros. Los hace menos capaces de evaluar y manejar riesgos cuando los adultos no están.

Puntos clave

  • El riesgo calculado (físico, social y emocional) es una parte esencial del juego y del aprendizaje infantil.
  • La sobreprotección está asociada con mayor ansiedad, menor autoconfianza y menor capacidad para evaluar riesgos en la adolescencia y la adultez.
  • Los niños tienen capacidades de evaluación de riesgo más sofisticadas de lo que los adultos frecuentemente les reconocen.
  • El “riesgo de lesión menor” (raspones, caídas de altura moderada) es distinto del “riesgo de daño grave”; confundirlos lleva a sobreprotección.
  • El contexto latinoamericano incluye riesgos reales de seguridad que deben distinguirse de los riesgos de desarrollo normales.

La neurociencia del riesgo y el aprendizaje

Cuando un niño toma un riesgo y lo maneja exitosamente, el sistema de recompensa del cerebro registra la experiencia. La dopamina se libera; el sistema ejecutivo aprende que puede evaluar amenazas, tomar decisiones y manejar consecuencias. Esta experiencia, repetida, construye la infraestructura neurológica de la autoconfianza y la resiliencia.

El investigador Peter Gray (Universidad de Boston) ha documentado extensamente cómo la reducción del juego libre —y especialmente del juego físico con riesgo— correlaciona con el aumento de la ansiedad en niños. Su argumento: el juego con riesgo es donde los niños aprenden a enfrentar miedos, regular emociones en situaciones estresantes, y experimentar la maestría sobre desafíos.

Tipos de riesgo que los niños necesitan

Riesgo físico

Trepar estructuras, correr en terrenos irregulares, usar herramientas reales (martillo, cuchillo bajo supervisión apropiada para la edad), nadar en agua abierta, andar en bicicleta. Los raspones, las caídas menores y los moretones son parte del aprendizaje físico, no fracasos de la supervisión parental.

Riesgo social

Iniciar conversaciones con otros niños, defender su turno, resolver conflictos sin intervención adulta inmediata, arriesgarse a ser rechazado al pedir jugar con otro grupo. El riesgo social tiene tanto valor para el desarrollo como el físico.

Riesgo emocional

Intentar algo donde hay posibilidad de fracasar frente a otros, compartir sentimientos, tomar posición cuando puede haber desacuerdo. El riesgo emocional es donde se desarrolla la vulnerabilidad productiva que Brené Brown ha descrito.

Riesgo intelectual

Hacer predicciones que podrían estar equivocadas, proponer ideas que podrían rechazarse, intentar resolver problemas complejos sin que el adulto guíe cada paso.

La investigación sobre sobreprotección

El metaanálisis de Schiffrin et al. (2014) examinó la crianza helicóptero (sobreprotección) en adolescentes universitarios. Encontró asociaciones consistentes entre crianza sobreprotectora y menor satisfacción con la vida, mayor ansiedad y menor autonomía.

Más relevante para el riesgo: el estudio de Morrongiello y Kiriakou (2004) encontró que los niños con padres sobreprotectores tenían peor capacidad de evaluación de riesgos que los niños con mayor autonomía. La sobreprotección no produjo niños más seguros; produjo niños menos capaces de evaluar qué es peligroso y qué no.

La diferencia crítica: riesgo de desarrollo vs. riesgo de daño grave

Parte de la confusión en la conversación sobre riesgo infantil es no distinguir entre:

Riesgo de desarrollo (necesario, tolerable): caer del árbol a 2 metros y rasparse. Chocar con otro niño en el partido. No ser elegido para el equipo.

Riesgo de daño grave (debe prevenirse): caer de 6 metros sobre cemento. Cruzar una avenida sin supervisión a los 4 años. Nadar sin supervisión en agua profunda.

La confusión entre estos dos tipos lleva a prevenir ambos, privando al niño del riesgo de desarrollo mientras no necesariamente se previene el de daño grave (porque el niño no ha aprendido a evaluar la diferencia).

El contexto latinoamericano: riesgos reales de seguridad

En muchos contextos latinoamericanos, hay riesgos de seguridad reales que distinguen el contexto de, por ejemplo, contextos nórdicos: la delincuencia, el tráfico peligroso, la inseguridad en los parques públicos. Estos son factores reales que los padres latinoamericanos deben considerar.

La distinción importante es entre:

  • Reducir la autonomía del niño por inseguridad real en el entorno (justificado)
  • Reducir la autonomía del niño por miedo parental exagerado o por conveniencia (tiene costos para el desarrollo)

Los padres pueden desarrollar autonomía gradual dentro del contexto de seguridad disponible: autonomía en el hogar, en el vecindario conocido, con pares confiables, en actividades estructuradas.

Cómo fomentar el riesgo saludable

Tolerar el malestar del padre: La mayor barrera para el riesgo saludable no es el riesgo real —es el malestar del padre al verlo. Reconocer que ese malestar es de ti, no del niño, es el primer paso.

Preguntar antes de intervenir: “¿Necesitas ayuda?” en lugar de dar la ayuda automáticamente. La mayoría de las veces la respuesta es no.

Participar sin dirigir: Estar presente sin indicar cada movimiento. La presencia segura del adulto reduce el riesgo real sin eliminar la autonomía del niño.

Permitir el fracaso sin rescate inmediato: Cuando el niño cae (literalmente o metafóricamente), dar un momento antes de intervenir. El niño que se levanta solo construye autoconfianza; el que siempre es levantado aprende que no puede levantarse.

Ampliar la autonomía gradualmente: Autonomía apropiada para la edad, no autonomía total. A los 5 años, jugar en el patio sin supervisión constante. A los 8, ir a la tienda de la esquina. A los 10, ir solo a la escuela (si el contexto lo permite).

Qué observar en los próximos 3 meses

Mes 1: Identifica 3 situaciones donde intervinieras automáticamente sin que el niño te pidiera ayuda. Anota tu nivel de malestar (1-10) y el nivel real de riesgo de daño.

Mes 2: En una de esas situaciones, practica esperar 30 segundos antes de intervenir. Observa lo que el niño hace.

Mes 3: Amplía una autonomía apropiada para la edad de tu hijo. Elige algo que el niño podría hacer solo con supervisión distante.

Preguntas frecuentes

¿Cómo distingo cuándo intervenir y cuándo dejar que el niño maneje?

La pregunta guía: “¿Hay riesgo de daño significativo en los próximos segundos que el niño no puede evaluar?” Si sí, intervención inmediata. Si no, espera y observa. Si el niño te pide ayuda, ofrécela. Si no, el silencio de la espera es el apoyo más valioso.

¿El riesgo físico es diferente para niñas que para niños?

La investigación muestra que las niñas reciben más intervención parental en situaciones de riesgo físico que los niños, aunque el riesgo objetivo sea el mismo. Esto produce diferencias de autoconfianza y evaluación de riesgos que afectan a las niñas en la adolescencia y la adultez. Los padres deben ser deliberados en ofrecer el mismo espacio de riesgo a niñas y niños.

¿Qué hago si mi hijo evita el riesgo por ansiedad?

Los niños con ansiedad frecuentemente también evitan el riesgo saludable. La solución no es forzar la exposición, sino hacer exposición gradual con apoyo. Si la evitación del riesgo es intensa y generalizada, es señal de que la ansiedad puede necesitar atención, no solo que el niño necesita más experiencia de riesgo.


Sobre el autor

Ricky Flores es el fundador de HiWave Makers e ingeniero eléctrico con más de 15 años de experiencia desarrollando tecnología de consumo en Apple, Samsung y Texas Instruments. Escribe sobre cómo los niños aprenden a construir, pensar y crear en un mundo saturado de tecnología. Lee más en hiwavemakers.com.

Fuentes

  1. Gray, P. (2013). Free to Learn: Why Unleashing the Instinct to Play Will Make Our Children Happier, More Self-Reliant, and Better Students for Life. Basic Books.
  2. Sandseter, E. B. H. (2009). Affordances for risky play in preschool: The importance of features in the play environment. Early Childhood Education Journal, 36(5), 439–446.
  3. Schiffrin, H. H., et al. (2014). Helping or hovering? The effects of helicopter parenting on college students’ well-being. Journal of Child and Family Studies, 23(3), 548–557.
  4. Morrongiello, B. A., & Kiriakou, S. (2004). Mothers’ home-safety practices for preventing six types of childhood injuries. Journal of Pediatric Psychology, 29(4), 275–284.
  5. Lythcott-Haims, J. (2015). How to Raise an Adult. Henry Holt.
  6. UNICEF Colombia (2023). Desarrollo infantil y juego libre: evidencias y recomendaciones para Colombia. Bogotá: UNICEF.
Ricky Flores
Escrito por Ricky Flores

Fundador de HiWave Makers e ingeniero eléctrico con más de 15 años trabajando en proyectos con Apple, Samsung, Texas Instruments y otras empresas Fortune 500. Escribe sobre cómo los niños aprenden a construir, pensar y crear en un mundo impulsado por la tecnología.