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El efecto IKEA en niños: por qué aman lo que construyen
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El efecto IKEA en niños: por qué aman lo que construyen

El efecto IKEA en niños aparece a los 5 años, necesita que el proyecto se termine y une lo que hacen con quiénes son. Qué dice la investigación y cómo usarlo.

Tu hijo va a preferir el tazón chueco de barro que hizo él antes que uno perfecto de la tienda, y la investigación dice que no es puro sentimentalismo. Es el efecto IKEA en niños, y también en adultos: valoramos más lo que construimos nosotros que algo idéntico hecho por otra persona. En adultos se demostró con cajas para armar, origami y Lego. En niños, un estudio de 2018 en la revista Cognition encontró que aparece alrededor de los 5 años, justo cuando los chicos están formando una idea de quiénes son. Hay dos detalles que importan más que todo para los papás. Primero, el efecto desaparece si el proyecto no se termina. Segundo, en los niños pequeños no parece depender de cuánto se esforzaron, lo que sugiere que el orgullo viene de ser el autor, no del sudor. Esos dos datos te dicen cómo diseñar proyectos en casa, y por qué algo terminado e imperfecto hecho por tu hijo le hace más bien que algo pulido que hizo un adulto o una IA.

Puntos clave

  • En cuatro estudios, los adultos valoraron sus propias cajas de IKEA, figuras de origami y construcciones de Lego casi tanto como las de expertos, y esperaban que los demás pensaran igual (Norton, Mochon y Ariely).
  • El efecto “se disipó” cuando las personas construían y luego destruían su obra, o cuando no la terminaban. Terminar es requisito.
  • En los niños, el efecto IKEA aparece alrededor de los 5 años, junto con hitos en la formación del autoconcepto, y en niños de 5 y 6 años no dependió de cuánto esfuerzo pusieron (Marsh, Kanngiesser y Hood, 2018).
  • La sensación de propiedad por sí sola no explicó por qué los niños valoraban más sus creaciones; los autores proponen un vínculo entre “nuestras creaciones y nuestro autoconcepto”.
  • Diseña proyectos cortos para que se puedan terminar, en los que el niño sea claramente el autor, y ponlos a la vista.

Qué es el efecto IKEA

El efecto IKEA es la tendencia a valorar más algo porque lo hiciste tú. El nombre viene de un artículo de 2011 en el Journal of Consumer Psychology de Michael Norton, Daniel Mochon y Dan Ariely. En cuatro estudios, las personas armaron cajas de almacenamiento de IKEA, doblaron origami y construyeron sets de Lego, y luego dijeron cuánto pagarían por lo que hicieron.

Los participantes “vieron sus creaciones de aficionados con un valor parecido al de las creaciones de expertos, y esperaban que los demás compartieran su opinión”. Su rana de origami chueca valía, a sus ojos, casi lo mismo que la de alguien experto. Y daban por hecho que los demás la verían igual, cosa que no pasaba.

El segundo hallazgo es el que más importa para los niños. “El trabajo lleva al cariño solo cuando el trabajo termina en la tarea completada; cuando los participantes construían y luego destruían sus creaciones, o no las terminaban, el efecto IKEA se disipaba”. El efecto apareció también en personas que decían no tener ningún interés en hacer cosas con sus manos, no solo en los aficionados.

Cómo se desarrolla el efecto IKEA en niños

Los adultos no son toda la historia. Lauren Marsh, Patricia Kanngiesser y Bruce Hood se preguntaron cuándo empieza este sesgo y por qué, en una serie de estudios de 2018 publicada en Cognition.

Aparece alrededor de los 5 años. Su primer estudio mostró “un sesgo que surge a los 5 años, en correspondencia con hitos clave del desarrollo del autoconcepto”. Los niños más pequeños no valoraban de forma consistente más sus propias creaciones.

El esfuerzo no lo explicó. En niños de 5 y 6 años, “el efecto IKEA no depende de la cantidad de esfuerzo invertido en la tarea”. Los que trabajaron más no valoraron más su creación que los que trabajaron menos.

La propiedad no alcanzó. La sensación de que algo es tuyo, por sí sola, “no puede explicar por qué los niños valoran más sus creaciones”. Que te digan que algo es tuyo no es lo mismo que haberlo hecho.

La interpretación de los autores: “Quizá el efecto IKEA refleja un vínculo entre nuestras creaciones y nuestro autoconcepto”. Dicho en simple: desde los 5 años, lo que un niño hace se vuelve un pedacito de quien cree que es. Por eso importa el tazón.

Un estudio relacionado ayuda a entender la parte de la propiedad. En 2010, Kanngiesser y su equipo encontraron que cuando alguien moldeaba la plastilina de otra persona en algo nuevo, los niños de preescolar decían con más fuerza que los adultos que el objeto nuevo ahora era de quien hizo el trabajo creativo. Los niños tienen una regla clara: lo hiciste tú, entonces es tuyo.

Qué apaga el efecto y qué lo mantiene

CondiciónQué pasó con el valorFuenteQué significa en casa
Lo construyó y lo terminóLo valoró casi como el trabajo de un expertoNorton y colegasAjusta el tamaño del proyecto para que se pueda terminar
Lo construyó y luego lo desarmóEl efecto se disipóNorton y colegasNo desarmes un proyecto el mismo día que se terminó
Lo empezó y no lo terminóEl efecto se disipóNorton y colegasLos kits a medias no construyen orgullo
Niño de 5 a 6 años que se esforzó mucho o pocoSin diferencia en el valorMarsh y colegasImporta más ser autor que sufrir
Le dijeron que era suyo, pero no lo hizoLa propiedad sola no explicó el sesgoMarsh y colegasUn regalo no reemplaza el hacer
Otra persona (o una IA) hizo el trabajoNo se ha probado directamenteInferenciaProbablemente más débil; que el paso creativo sea del niño

La última fila está marcada como inferencia a propósito. No conocemos ningún estudio que haya probado el efecto IKEA en niños con productos hechos por IA. Pero todas las condiciones que debilitaron el efecto en la investigación (no terminar, no ser el autor) son justo lo que pasa cuando una herramienta hace el trabajo.

Por qué esto importa más allá de un tazón de barro

El efecto IKEA se conecta con una de las ideas más sólidas de la psicología educativa. En una revisión publicada en el Review of Educational Research, Ellen Usher y Frank Pajares concluyeron que “la experiencia de dominio es por lo general la fuente más influyente de autoeficacia”, es decir, de la creencia de que uno puede lograr algo. Un proyecto terminado que hizo el niño es una experiencia de dominio. Es la prueba, para él, de que sabe hacer cosas.

También hay un ángulo de memoria. Lo que generamos nosotros se recuerda mejor que lo que solo leemos: es el efecto de generación que describieron Slamecka y Graf en 1978. Un niño que armó un circuito recuerda mejor cómo funciona que uno que vio un video de otra persona armándolo.

Un límite honesto. El efecto IKEA también es un sesgo. Los adultos de los estudios de Norton sobrevaloraban su propio trabajo y esperaban, sin razón, que los demás pensaran igual. Los niños también lo van a hacer. Para un dibujo en el refrigerador no pasa nada. Vale la pena trabajarlo con calma cuando un adolescente no puede escuchar comentarios sobre un proyecto que ama.

Cómo enseñarle a tu hijo sobre el efecto IKEA

De 5 a 8 años

La prueba de quedárselo o cambiarlo. Hagan dos cosas sencillas idénticas, como avioncitos de papel o galletas decoradas: tu hijo hace una y tú haces la otra lo más parecida posible. Más tarde, pregúntale cuál se quedaría si solo pudiera tener una, y cuál cambiaría por una estampita. Casi todos eligen la suya, aunque la tuya vuele mejor. Luego pregúntale por qué. Le estás mostrando que hacer algo cambia cómo se siente.

De 9 a 12 años

El experimento de Norton con la familia. Pídele a tu hijo que doble una rana de origami sencilla o arme un modelo pequeño de Lego siguiendo instrucciones. Luego cada integrante de la familia “puja” por ella con fichas o puntos, y tu hijo también. Comparen. Casi siempre el autor puja más alto. Después prueben la segunda condición: alguien arma otra y se detiene a la mitad, y todos pujan por la que quedó sin terminar. Platiquen por qué terminar cambió el número.

De 13 en adelante

Diseña un pequeño estudio. Rétalo a diseñar una prueba justa del efecto IKEA con sus amigos: dos grupos, la misma construcción sencilla, un grupo la termina y el otro no, y todos califican cuánto vale. Va a tener que pensar en sesgos, tamaño de la muestra y preguntas justas, que es diseño de investigación de verdad. Al final, hablen de dónde el efecto podría engañarlo: sobrevalorar su propio código, su ensayo o la canción de su banda, y cómo conseguir opiniones honestas de afuera.

La pregunta que debes hacer: “¿Por qué podrías pensar que tu dibujo vale más que uno idéntico hecho por otra persona, y cuándo eso podría ser un problema?”

Cómo diseñar proyectos en casa pensando en el efecto IKEA

Que se pueda terminar

La investigación es clara: el trabajo sin terminar no produce el efecto. Con los más chicos, elige proyectos que se puedan completar en una sola sentada. Con los grandes, divide los proyectos largos en etapas terminadas, para que cada sesión acabe con algo que funcione.

Que el paso creativo sea del niño

Ayuda con lo físicamente difícil si hace falta, como cortar, perforar o un paso enredado de las instrucciones. Pero deja que el niño tome las decisiones: los colores, el diseño, el orden. El hallazgo de Marsh sugiere que, en los niños pequeños, lo que cuenta es ser el autor, no el esfuerzo. Para ideas, mira nuestro artículo sobre aprendizaje por proyectos para niños.

Ponlo a la vista

Un proyecto terminado en un librero le recuerda al niño todos los días que hizo algo. Si vas rotando lo que se exhibe, se mantiene fresco sin llenar la casa.

No se lo arregles

A los adultos nos gana la tentación de “nomás enderezar esa parte”. Si el niño no hizo la corrección, se desgasta el “lo hice yo”. Ofrécele la herramienta y la sugerencia; que él decida.

Lo que no conviene hacer

No desarmes ni tires un proyecto al día siguiente de terminado, al menos no sin que el niño esté de acuerdo. En los estudios de Norton, construir y luego destruir borró el efecto. Y no compres ya armado algo que tu hijo iba a la mitad de construir, solo “para ahorrar tiempo”.

¿Y en América Latina?

El efecto IKEA no es un fenómeno de un solo país. El estudio de Marsh se hizo en el Reino Unido, pero hay un dato cercano con niños mexicanos: en 2014, Fan Yang y su equipo mostraron a niños de 3 a 6 años de Estados Unidos, México y China videos de personajes dibujando, y los de 5 y 6 años de las tres culturas juzgaron peor al que copiaba que al que hacía un dibujo propio. A la misma edad en que aparece el efecto IKEA, los niños ya tienen un sentido de que el crédito le toca a quien hizo la obra.

La parte práctica es todavía más local. El efecto no necesita kits caros: un proyecto con cartón, tapitas o materiales reciclados que el niño diseñó y terminó funciona igual. Tenemos una guía de makerspace de bajo costo con cartón, PVC y materiales reciclados.

Y hay una razón de contexto para cuidarlo. Según la UNESCO, en países como Chile y Brasil más de la mitad de los docentes ya usa herramientas de IA, pero menos del 10% de las instituciones de la región tiene lineamientos formales. Mientras las escuelas definen sus reglas, en casa se puede proteger lo básico: que haya proyectos que el niño hizo de principio a fin.

Qué observar en los próximos 3 meses

  • Semana 4: ¿Tu hijo terminó al menos un proyecto pequeño del que fue autor? ¿Está en un lugar donde lo pueda ver?
  • Señales de alerta en el mes 2: una pila de kits a medias, un niño que dice “no está suficientemente bien” y abandona los proyectos, o la costumbre de que los adultos terminen las cosas por él.
  • Autoevaluación del mes 3: Pídele a tu hijo que te muestre lo que más orgullo le da haber hecho este periodo y que te explique cómo lo hizo. Si la respuesta sale rápido y con detalles, el efecto está trabajando a su favor.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el efecto IKEA en niños?

Es la tendencia de los niños a valorar más lo que hicieron ellos que algo idéntico hecho por otra persona. Un estudio de 2018 en Cognition encontró que aparece alrededor de los 5 años, al mismo tiempo que se forma el autoconcepto, y que en niños de 5 y 6 años no dependió de cuánto esfuerzo pusieron.

¿Mi hijo tiene que terminar el proyecto para que cuente?

Según la investigación, sí. En los estudios de Norton, Mochon y Ariely, el efecto IKEA desapareció cuando las personas no terminaban su creación o la destruían después de construirla. Los proyectos que el niño puede terminar tienen más probabilidad de producir orgullo y apego.

¿El efecto IKEA aplica a lo que los niños hacen con IA?

No se ha probado directamente. Pero la investigación muestra que el efecto depende de terminar un trabajo del que uno es autor, y que la propiedad sola no lo explica. Cuando una IA genera el resultado, el niño fue menos autor, así que probablemente el efecto sea más débil. Deja las decisiones creativas en sus manos.

¿El efecto IKEA es algo malo?

Para los niños, casi siempre ayuda, porque el orgullo por su propio trabajo sostiene la motivación y la creencia de que saben hacer cosas. También es un sesgo: sobrevaloramos lo nuestro y esperamos que los demás piensen igual. Con los adolescentes vale la pena hablar de cómo pedir opiniones honestas sobre algo que aman.

¿Qué tipo de proyectos funcionan mejor?

Proyectos que tu hijo pueda terminar, donde él tome las decisiones clave y que produzcan algo que pueda ver o usar: un modelo, un dibujo, un circuito sencillo, una receta. Ayúdale con los pasos físicos difíciles si hace falta, pero que la autoría sea suya.


Sobre el autor

Ricky Flores es el fundador de HiWave Makers e ingeniero eléctrico con más de 15 años de experiencia desarrollando tecnología de consumo en Apple, Samsung y Texas Instruments. Escribe sobre cómo los niños aprenden a construir, pensar y crear en un mundo saturado de tecnología. Lee más en hiwavemakers.com.


Fuentes

  1. Norton, M. I., Mochon, D., & Ariely, D. (2012). “The IKEA effect: When labor leads to love.” Journal of Consumer Psychology, 22(3), 453–460. https://doi.org/10.1016/j.jcps.2011.08.002
  2. Marsh, L. E., Kanngiesser, P., & Hood, B. (2018). “When and how does labour lead to love? The ontogeny and mechanisms of the IKEA effect.” Cognition, 170, 245–253. https://doi.org/10.1016/j.cognition.2017.10.012
  3. Kanngiesser, P., Gjersoe, N., & Hood, B. M. (2010). “The effect of creative labor on property-ownership transfer by preschool children and adults.” Psychological Science, 21(9), 1236–1241. https://doi.org/10.1177/0956797610380701
  4. Usher, E. L., & Pajares, F. (2008). “Sources of Self-Efficacy in School: Critical Review of the Literature and Future Directions.” Review of Educational Research. https://doi.org/10.3102/0034654308321456
  5. Slamecka, N. J., & Graf, P. (1978). “The generation effect: Delineation of a phenomenon.” Journal of Experimental Psychology: Human Learning and Memory, 4(6). https://doi.org/10.1037/0278-7393.4.6.592
  6. Yang, F., Shaw, A., Garduno, E., & Olson, K. R. (2014). “No one likes a copycat: a cross-cultural investigation of children’s response to plagiarism.” Journal of Experimental Child Psychology, 121. https://doi.org/10.1016/j.jecp.2013.11.008
  7. UNESCO. (2026, 14 de abril). “UNESCO launches the Observatory on Artificial Intelligence in Education for Latin America and the Caribbean.” https://www.unesco.org/en/articles/unesco-launches-observatory-artificial-intelligence-education-latin-america-and-caribbean
Ricky Flores
Escrito por Ricky Flores

Fundador de HiWave Makers e ingeniero eléctrico con más de 15 años trabajando en proyectos con Apple, Samsung, Texas Instruments y otras empresas Fortune 500. Escribe sobre cómo los niños aprenden a construir, pensar y crear en un mundo impulsado por la tecnología.